miércoles 23 de diciembre de 2009

La verdad

Me sorprende la capacidad de algunas personas de descubrir cosas de mí mismo que permanecen invisibles a mis propios ojos. A veces se anticipan a mis propios sentimientos, como un mirlo que avisa del peligro en el bosque mucho antes de que llegue a tus oídos el sonido de algún visitante inesperado.

"Papá, ¿qué te pasa?", pregunta Ariadna de vez en cuando. En ocasiones ha detectado mi tristeza o malestar, a pesar de mis inútiles intentos de disimulo. Otras veces me lo pregunta cuando ando dubitativo, aún no he perdido la sonrisa pero camino en el alambre, decidiendo inconscientemente cuál de las dos caras de mi géminis voy a adoptar. Lo bueno del caso es que hasta el momento de escuchar su ingenua pregunta no era consciente de mi estado, o yo aún diría más, estaba plenamente convencido de que mi situación mental era justo la opuesta.

Que una niña de dos años me conozca hasta tal punto es algo que me supera, a pesar de que, como buen psicólogo, estudié en las mejores universidades de Centroamérica (ese es el típico chiste que no entiende nadie salvo Javi Tallón, ahora Xavi Talló, que conocía como yo hasta el último detalle de Friends).

De manera que la mico esa tiene más capacidad de análisis psicológico que yo mismo, hablando de mi propio estado mental. Esto me ha hecho pensar, en otra mañana de nervios descontrolados, discusiones y presiones importantes, que es posible que mi verdad no sea como yo la entiendo. Si lo sabré yo, que me siento así o asá. Pues parece que no. Los ojos de un niño, en este caso de una niña, pueden destapar cosas que uno no ha sido capaz de reconocer. Esto demuestra que ni siquiera la verdad más personal está en uno mismo. Tampoco en los ojos ajenos de alguien que no siente lo que tú. La verdad no existe.

Así que maldito tú, cliente que me has amargado esta mañana gris. Tus palabras me importan una mierda. ¿Sabes por qué? Porque no existes.

martes 22 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad

Unos locos proponen un concurso bloggero de cuentos de Navidad. El que no sea fan de Smoke que levante la mano, excepto los mancos, es natural, que diría otro loco (troglodita), aunque los mancos tampoco pueden escribir en el blog, o quizá sí, no lo sé, ya me llegará, de momento solo me falta un dedo por hacer un remake de la historia de Tarantino en Four Rooms, que a su vez era un remake de otra historia y, en fin, siempre nos copiamos unos a otros. Moraleja: quien no sea fan de Tarantino que levante lo que pueda.

El premio consiste en dos botellas de Rioja, cosa de Morel que, entre muchas otras, cuenta con la generosidad entre sus virtudes. Sin ir más lejos, la última vez que estuve en su casa me invitó a una bolsa de Cheetos Gustosines. Pero para un bloggero el premio verdadero está en el simple hecho de ganar, en el reconocimiento a un estilo, unas ideas. ¿Y si nadie me vota? Quedaré como el culo. Mi único fan me abandonará y ya no me podré justificar con "tengo los mismos fans que los Flight of the Conchords".

De manera que me anticiparé a la derrota. Al menos que este escrito sirva para algo, contaré una historia que muchos preguntan a menudo, el por qué, el origen. "Todo esto no es más que una miserable coartada para el concurso", a lo que respondo con ciertas dudas entre "Viva Honduras", el subtítulo de este mismo blog "hablaré con mi abogado" o el infalible "hemos venido a jugar". La frase "pero por qué no te callas!" también sirve, puesto que es casi tan navideña como "el orgullo y satisfacción" de Johhny Charlie, entiéndase Charlie como los charlies. Por él lanzo una lanza y ahora cuento mi cuento:

En mi familia, cada comida de Navidad, durante más de 20 años, terminaba con un relato. Un cuento como todos los que forman parte de este concurso bloggero. Lo narraba mi madre, en vivo y en directo, durante los cafés. Los días anteriores a Navidad estaba nerviosa, preocupada y tremendamente ocupada en escribir algo divertido, familiar y, de alguna manera, histórico, puesto que sus relatos eran una breve memoria anual de la familia Del Castillo. Tuvo la idea, el valor de ponerla en marcha y la perseverancia de mantenerla. Además, tenía los dones de la creatividad, de la brillantez, del sentido del humor original y del estilo propio. Sus cuentos de Navidad eran esperados con gran ilusión por todos nosotros. De alguna manera nos marcaron para siempre y nos dejaron una profunda huella. Para mí forma una parte importantísima de su inmenso legado, como una manera de entender la navidad, la familia y la vida misma.

Cuando murió, el vacío del día de Navidad era mucho mayor. Así que recogí el testigo y puse en marcha mi particular cuento de Navidad. Debía mantener el espíritu, pero variar el formato. El fondo sí, la forma, no. Que sea lo mismo, que sea diferente: un vídeo. No escribiré un texto y lo leeré el directo, lo pondré en imágenes y lo proyectaremos.

Así que empecé a hacer vídeos de Navidad, que incluían parodias, fotos, momentos divertidos, un guión en off que explicaba lo que fuera. Un pequeño cuento audiovisual que, como todos los cuentos, fantaseaba sobre unos personajes, en este caso nosotros mismos.

Fui mejorando con el tiempo, aprovechando las nuevas tecnologías. Casi diez años después, una amiga de una amiga me pidió un vídeo original como regalo para su marido, y pensé en crear una parodia de su vida, al más puro estilo Del Castillo. Fue un éxito, del cual surgieron pronto otras peticiones de vídeo. Paralelamente, harto de no querer levantarme de la cama por las mañanas durante meses, preso de una cierta depresión, decidí dar un giro en mi vida y cambiar de trabajo. Mientras buscaba algo "serio", me dediqué a terminar los vídeos que tenía pendientes y que realizaba fuera del horario laboral estándard.

Entonces me sobrevino un momento Forrest, "ya que he llegado hasta aquí, ¿por qué no seguir corriendo?", y decidí seguir haciendo vídeos. El primer paso era encontrar un nombre comercial. Quería homenajear el origen de todo, aquellos cuentos de Navidad de mi madre, de manera que mi marca debía tenerla presente. "En su nombre", propuso mi padre. Pues "ensu", campana y se acabó, es la voluntad de Dios.

Han pasado los años. Muchos rajamos de la Navidad y sus valores, como eternos adolescentes, o como hipercríticos con todo lo que se mueva, lo que viene a ser lo mismo. En foros del mundo entero se debate sobre las nueva tradición de este concurso de cuentos, sus normas y, como no podía ser de otra manera, surgen apuestas paralelas. Los dublineses somos así. Yo apuesto a que al menos el 75% de los participantes de este concurso no defienden los valores tradicionales de la navidad. No obstante, a alguien se le ocurrió la idea de poner en marcha una iniciativa que combina la amistad, las ganas de compartir y de celebrar, y, oh casualidades de la vida, todo esto entra en el cajón de la Navidad. ¿Y qué es la Navidad, queridos oyentes? Va llegando la hora en que tendré que explicárselo a mi hija, que ya pregunta quiénes son María, José y el niño del belén, antes de meterlos en el río helado junto con los cerdos y las gallinas, lo cual puede ser bastante revelador. Sea como fuere, querida Ariadna, trataré de regalarte algún día la verdad sobre la Navidad. El mismo regalo que protegió mi madre durante años, el mismo que nace con este concurso y que algunos intentaremos que nos sobreviva: la Navidad, hija mía, es un cuento.







lunes 21 de diciembre de 2009

Todo es mentira

No tengo un buen día. En realidad, no tengo una buena semana. Acaba de empezar, pero hace 32 años que me conozco. Los síntomas, agotamiento psicológico y máxima apatía de cara a las fiestas que se avecinan. Del trabajo necesito urgentemente un descanso que no me puedo tomar. De las fiestas me tira Ari y lo bonitas que deben ser para ellas. Lo demás, bullshit. Es posible que todo sea culpa de la creciente sensación que arrastro en los últimos meses de que la familia es una gran mentira. Como institución, digo, como conjunto. Una imposición tremendamente aburrida en la que se acumulan las decepciones en los últimos años, por todos lados. Estoy por las personas, por lo individual, lo colectivo es un desastre. En lo personal hay muy buenas sensaciones en algunos casos, pero en lo colectivo todos pasamos a formar parte del mismo vacío.Por eso prefiero el sistema electoral USA, donde las personas priman sobre los partidos. Y los partidos político-familiares que se convocan estos días me motivan poco o nada. Quizá sea por el agotamiento de coco y el consecuente cansancio físico, y lo vea todo gris como el día de hoy, cosa que me jode extraordinariamente porque me apetece ver las fiestas con optimismo. "Es que..", diría Ari, que ahora empieza todas sus frases así, "es que no me sale". Los partidos se ganan desde la defensa, dicen todos, así que ahora seguiré currando, cosa que hoy me está costando especialmente por falta de convicción. Quizá dentro de unas horas me reconforte lo realizado y lo vea de otra manera, o puede que no, y lo "remonforte", entiéndase como tal la capacidad de cagarse en la familia y en las convicciones sociales que predicaba hace años el primer Monforte que conocí. Por aquel entonces creía que su mundo era distinto del mío. Ahora creo que probablemente él estaba en lo cierto y, recogiendo las palabras de su amigo Coque, "todo es mentira".

Concurso de Cuentos de Navidad

Los Monforte han creado el concurso.

Para participar, entrad en el blog http://algunscontesdenadal.blogspot.com/ y colgad vuestro cuento con pseudónimo.
La contraseña es: Concurso. Y el mail que os pedirá contesdenadal@yahoo.es el nickname asociado a este mail es Santa Claus (a la hora de colgar, recordad firmar abajo con pseudónimo).

La fecha límite para colgar cuentos es el día 24 a las 12. El premio dos botellas de Rioja.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Un pequeño gran regalo

Ayer escuché La Ventana mientras preparaba unas carátulas de boda. Un trabajo, por cierto, como otro cualquiera: imprimir y recortar. Es como el pinta y colorea del mundo adulto. "Ya, pero ahora te pagan por hacer eso". Pues no, me pagan por hacer vídeos, lo otro no lo estoy contemplando en el precio de mi trabajo, que, por cierto, cobro en B mayúscula, y me acaban de alertar del tema para acabar de alegrarme estos días prenavideños, por usar una B gigante, de esas que Ariadna ve en los parkings o en los ascensores y grita "Borja!", porque está aprendiendo las letras. Cuando ve una A por la calle grita semihistérica "La mía!", lo cual me inspira a escribir un post sobre la necesidad de pertenencia a un grupo y la identificación con un colectivo determinado, por ejemplo los de la letra A, o la letra B, que (cántese al ritmo de Let it Be de los Beatles), tiene su propia canción: "letra B, letra B, letra B, letra B, suenas como la V, letra B".

Esta soberbia interpretación de Letrit be me la descubrió Marta (como tantas otras cosas, lanzo una lanza en favor de Marta, no tanto por el hecho de lanzarla en sí como de repetir lanzar una lanza, una de esas frases que uno quiere incluir como sea en un repertorio necesitado de hits, como los flight of the conchords en los conciertos en el aeropuerto), la descubrió, decía, Marta en Barrio Sésamo, ese programa y el objeto y objetivo de este post, que ha dado un rodeo curioso por esos mundos de Dios de manera improvisada y que, casualidades de la vida, acaba donde debía empezar: Barrio Sésamo. Será porque todos somos Barrio Sésamo. Aunque en realidad no he venido a hablar de mi libro, he venido a hablar de Espinete. En La Ventana de ayer, decíamos ayer y valga la redundancia, conectaron en directo con Chelo Vivares, que interpretaba al punzante amigo mío y de media (o toda) la infancia de este nuestro país (y que cada uno tome por su país lo que corresponda, el mío va de la gasolinera hasta el quiosco). El motivo de la entrevista, si no recuerdo mal (es que el programa era de ayer, creo que no lo había dicho todavía, más vale tarde), era el 25º aniversario del fin de Barrio Sésamo. Chelo estaba en mitad de un rodaje, pero atendió a la Ser para charlar cinco minutos sobre las grabaciones de los programas, el pésimo estado actual del muñeco (sin ojos, con las puntas deshechas), de la importancia que tuvo su personaje para nosotros, de su interpretación magistral del personaje, de la muerte de Chema, su marido en la vida real, hace un año y medio.

Marta González cierra la entrevista pidiendo un pequeño gran regalo a Chelo, unas palabras a lo Espinete. Chelo, discreta e indirectamente, rechaza la invitación, de manera que la presentadora da carpetazo al asunto y despide cordialmente la sección. Sin embargo, Chelo la interrumpe en el último momento: "espera, que aquí hay alguien que quiere decirte algo". Entonces, como en las películas, aparece el héroe en el último momento, y Espinete nos regala una intervención magistral de pocos segundos. La emoción del momento es máxima, pero a la vez está enmarcada en apenas unos segundos, en unas palabras aparentemente triviales, una salpicadura refrescante de un tiempo pasado, lo cual supone una segunda paradoja.

No olvidemos que Chelo llevaba 25 años sin interpretar a Espinete, que actualmente es un muñeco descuidado en un almacén, cuyo recuerdo estará siempre vinculado a un esplendoroso pasado y, sobre todo, a la figura de su recientemente fallecido marido. De manera que todo aquello, pese a ser una minúscula porción de radio, como si te permitieran durante unos instantes observar una antigua foto que dabas por desaparecida, pese a que su recuerdo vive eternamente en una cabañita modesta por ahí dentro, fue emocionante. Hasta tal punto, que la presentadora y su comentarista arrancaron a llorar espontáneamente por primera vez en sus carreras como periodistas. Hasta tal punto, que una oyente llamó emocionada explicando que tuvo que dejar de conducir inmediatamente. Hasta tal punto, que cuando le puse a Marta la entrevista a través de Internet (oír aquí, hacia el 70% del programa), sus ojos se llenaron de lágrimas.

Hoy, ahora, por primera vez en meses, he recuperado aquella costumbre ancestral de servirme una cerveza en una copa helada, buena música y escribir un rato. O, lo que es lo mismo, hacer algo que no sea trabajar a las 9 de la noche de un miércoles. De manera que, durante el rato que me ha ocupado escribir este post, me he sentido despreocupado y relajado. Casi, casi, como cuando tenía 6 años y llegaba a casa del cole para ver Barrio Sésamo y escuchar la misma voz que me devolvieron un ratito ayer por la tarde.




lunes 14 de diciembre de 2009

And everything after

Hace poco un amigo me pasó una versión acústica, originalísima y brillante de Mr Jones. La tocaban los mismos Counting Crows en un concierto. Íbamos en coche, camino de una pista de basket, una rutina que ya ha cumplido 17 o 18 años. En el siguiente viaje le regalé un CD conmemorativo de nuestro 50% de aniversario. En realidad, mi 50% de aniversario, ya que llevo más de la mitad de mi vida subiendo a su coche para ir a jugar juntos a basket.

Aquella noche le dije a Marta que tendríamos que celebrar nuestro 50% de aniversario, más de media vida juntos, algo que no sucederá hasta dentro de 8 años. Será una fecha irrepetible, única y tremendamente simbólica.

Volviendo al coche de Marc y a su Mr Jones, recordé que "August & Everything After" fue el primer CD que compré. Virgin, Gran Via con Paseo Desgracia. Un grandísimo disco, con temazos como Round Here, Rain King, Raining in Baltimore, Anna Begings, Perfect Blue Buildings. Lo escuchaba en la cadena de música del salón de mi casa, un aparato que ocupaba el espacio desde el mueble raro hasta el infinito y más allá.

Era el año 93. Vivía en casa de mis padres, había pasado de una elitista escuela privada a un colegio público, empezaba a dejarme el pelo largo y una perilla estilo cabra. Tenía 16 años y, visto ahora, con 32, estaba en el punto que separa el 50% de mi vida.

Así que, de alguna manera, esta canción supone el ecuador de mi vida. Es capaz de transmitirme a partes iguales la nostalgia por el pasado y la ilusión por el futuro. Y, acompañándola con la guitarra, sentir la energía imparable de cada segundo del presente.

sábado 12 de diciembre de 2009

El día de la bestia

Algunos días son malos porque estaba cantado, la mierda se acumula durante años en las cañerías y el atasco era inevitable. Otros, sin embargo, son capaces de concentrar algunas pequeñas desgracias casuales en pocas horas y generar un caos curioso, me lo ponga en paquetes separados, pero te lo mete tó revuelto, oyes, y parece algo digno de la actuación secreta de los Gremlin, la consecuencia de un mal de ojo o una conjura de los Dioses.

Así me levanté ayer. De repente, el móvil me impide hacer llamadas. Debe ser la Blackberry, que va como el culo. Llamo a Vodafone, haga usted una prueba cruzada. Por "cruzada" me venía una yihad cristiana, me lo explique mejor oiga. Sí, que pruebe su tarjeta en otro terminal. Probamos, caca de vaca. Pues a una oficina a que le hagan un duplicado de tarjeta.

Antes cogemos la moto y tenemos una reunión con nuestros pseudo-socios. Al salir de la reunión, subida en Mª De Deu de Montserrat, con Marta detrás, la moto me da un latigazo tremendo. La controlo porque soy el vigente campeón de Karting hasta que se demuestre lo contrario. Medio segundo después, otro latigazo bestial. Lo controlo, Dios mediante, y paro la moto allí mismo, en una zona de obras. Estadísticamente era lo suyo, tal y como está la city. La rueda de trás reventada. Saco la moto como puedo de la zona cero y la dejo en una acera. Seguro, la grúa tardará 40 minutos.

Nos sentamos en un banco del Guinardó, rollo novietes al solet. A la media hora volvemos a zona del crimen, no vaya a ser que venga la grúa. Efectivamente, pasaba de largo, levanto el brazo en plan tarjeta amarilla y la enganchamos. Subimos moto y nos metemos en la cabina mientras tengo dos conversaciones telefónicas con clientes. Estamos en el puto camarote de los Marx, con los cascos, la cámara de vídeo, los anoracs, el gruísta que no puede ni cambiar de marcha y el móvil que no llama. El chófer está hablando con la empresa a través del Bluetooth, que de repente muere. "Van a ser los fusibles", dice, "ahora no van ni los intermitentes, así no puedo circular".

Pues va a ser que sí circularás. Le voy explicando cómo ir a la calle Aribau, algo fuera del alcance de los mortales. En la ronda del mig Marta tiene que ir sacando la mano por la ventana a modo de intermitente, ojo no te la vuele un camión, ojo con el codo que me das, me haces mover a la izquierda y el gruísta dice que así no tiene espacio para frenar. Que Dios nos coja confesados, la siguiente a la derecha, nos santiguamos los 3 a la vez en plan coreografía de musical. Contra pronóstico, llegamos intactos al taller, pero está cerrado hasta las 16h. Pues comamos, dónde, pos allí mismo. El Guana. Me suena el local. Nada más entrar está Igor Tribbiani, hermano de Primo. Saludos cordiales, claro, me suena porque aquí se proyectó el vídeo que hicimos para sus 30 años.

La cuenta, por favor. Está ustedes invitados. Pero cómo. El caballero de allá. Cosas de cracks, detallazo de Tribbiani, un Rock de mucha clase.

Taller. Oiga de paso me hagan la revisión, que casi tocaba. De subida al Tirol paro en Vodafone. Duplicado. Oiga, que sigue sin funcionar. Pues llame a Vodafone y que reseteen la línea.

Al salir del Tirol cojo el móvil de Marta para llamar a Vodafone, que con el mío no puedo, recuerde usted. Sí, me resetee usted por favor, Ari gritándome por la calle, "papá corre conmigo, cállate un poco, papá cállate un poco". Se cuelga el móvil, vuelve a llamar y a explicar todo a la operadora. Pues tendrá que esperar 24 horas, a veces ocurre con el duplicado. Como la noche anterior dormí 4 horas por el estrés y los nervios, lo llevo como un campeón.

Han pasado las 24 horas, sigo sin móvil, sin moto y sin algunas otras cosas. Pero ah, tengo una ahijada nueva. Se llama Clara. Tiene una hermana, que oh, casualidades de la vida, ha nacido el mismo día que ella. Y es que la vida te da sorpresas.